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viernes, 4 de abril de 2014

La UNAM: autonomía y beligerancia

La UNAM: autonomía  y beligerancia
http://www.jornada.unam.mx/politica/2014/04/04/018a2pol

La UNAM: autonomía y beligerancia

Hugo Casanova Cardiel*

La UNAM: autonomía ybeligerancia
El cumplimiento de 85 años de autonomía universitaria constituye una inexcusable oportunidad para reflexionar sobre su importancia en la institución de nuestros días. ¿Está vigente la autonomía lograda en 1929? ¿En qué medida la autonomía se ve afectada por el fortalecimiento del Estado y el ascenso del mercado? ¿Qué significado tiene la autonomía en un contexto de beligerancia como el vivido en la UNAM durante la ocupación de sus instalaciones?
Sin el ánimo de contestar de manera puntual a tales interrogantes, es posible señalar que la autonomía constituye uno de los atributos de la universidad de todos los tiempos y en tal sentido constituye parte de su ethos desde el Medievo hasta nuestros días. No obstante, como la institución a la cual define, la autonomía está en función de su tiempo y de su espacio, y por tanto no es una sola, ni puede ser considerada de manera intemporal.
La autonomía alude a la capacidad de las universidades para determinar sus fines, medios y mecanismos de vinculación. Esto significa que, si bien la universidad es un asunto de los propios universitarios, también concierne al Estado y a la sociedad toda. En tal sentido, la autonomía se constituye como el marco que estructura la compleja red de relaciones entre la institución y su entorno y que define las competencias y atribuciones de los entes internos y externos en las decisiones fundamentales de la universidad.
En términos operativos, la autonomía se refiere al grado en el cual las instituciones deciden sobre tres grandes ámbitos: a) laboral: ingreso de profesores, directivos y trabajadores; b) académico: acceso de estudiantes, selección de carreras, determinación de planes de estudio y requisitos de titulación o graduación; c) financiero: criterios para uso de los fondos, distribución del presupuesto, rendición de cuentas. La autonomía institucional es, pues, histórica, compleja y está sujeta a una constante transformación por las cambiantes condiciones de su entorno. Un ejemplo de ello en las décadas recientes es la irrupción del mercado en la vida universitaria con modalidades tales como la privatización, la limitada orientación de la educación hacia el mundo laboral o los esquemas de "formación dual" y de "educación-empresa".
Un concepto cercano, pero no idéntico, al de autonomía institucional es el de libertad académica, y se refiere a la capacidad de los académicos para desarrollar sus actividades sin más fronteras que el rigor y la exigencia del saber. La libertad académica alude a la búsqueda de la verdad sin límites (como señalaban los idealistas alemanes decimonónicos) y exime de penalización alguna a quienes llegasen a transgredir la ortodoxia política, metodológica, religiosa o social. Bajo el criterio de libertad académica se reconoce la potestad de profesores e investigadores para generar y difundir el saber sin censuras ni obstáculos.
¿Y qué pasa cuando la institución y el trabajo académico son afectados por otros grupos de presión? La ocupación de instalaciones universitarias, como la del auditorio Justo Sierra – Che Guevara, para muchos de nosotros–, que suma casi una década y media, lesiona en diversos sentidos la autonomía institucional y la libertad académica pues, además de impedir el funcionamiento de un importante e histórico espacio universitario, mantiene un tono de abierta confrontación hacia la institución, imposibilitando la realización de tareas de docencia y extensión. La ocupación del auditorio, otrora símbolo del pensamiento crítico, lejos de sustentarse en un proyecto universitario alternativo, esconde una incomprensible oscuridad en sus motivaciones, y la pregunta sigue siendo: ¿quién se beneficia realmente con la ocupación?
Hoy la UNAM enfrenta problemas específicos como el descrito y, al igual que el resto de universidades públicas, y la educación toda, vive importantes tensiones de cara a un escenario político y económico cambiante. Un escenario en el cual el Estado ratifica su presencia en temas como la evaluación y la fiscalización, la orientación del financiamiento y la certificación laboral y profesional, entre otros. Asimismo, como otras instituciones educativas, la Universidad Nacional se ve desafiada por una visión mercantil que pretende someter el conocimiento ante el ámbito productivo y la cultura empresarial.
Además de atender problemas concretos como el del auditorio, hoy la UNAM ha de responder a los retos que le plantean el Estado y el mercado. En el primer tema se juega la desactivación de la beligerancia, y en el segundo, la ratificación de su autonomía. Ambos son cruciales para el futuro de la institución.
* Investigador de la UNAM. Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación
Consulte www.siclapueblanoticias.blogspot.mx

martes, 26 de noviembre de 2013

José Narro reclama en Madrid incrementos continuos a presupuestos de la UNAM


José Narro reclama en Madrid incrementos continuos a presupuestos de la UNAM

Armando G. Tejeda

José Narro reclama en Madrid incrementos continuos a presupuestos de la UNAM
■ Presenta el Centro de Estudios Mexicanos y plan con el Instituto Cervantes
Madrid, 25 de noviembre.
José Narro, rector de la máxima casa de estudios de México, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), abogó por una política educativa de largo aliento, en la que cada año se autoricen incrementos y que se aprueben presupuestos multianuales que permitan a las instituciones educativas desarrollar con mayor certidumbre sus programas y planes.
El doctor Narro presentó en la sede central del Instituto Cervantes, en Madrid, el nuevo Centro de Estudios Mexicanos, desde el cual se desarrollará el plan conjunto de colaboración para difundir el español por el mundo y diseñar un sistema educativo único y panhispánico, que tendrá como principal estandarte el diploma universal del español.
El rector viajó a España con el presupuesto de la UNAM y del resto de las universidades públicas aprobados en la Cámara de Diputados y con la tranquilidad de saber que todo cuanto reclamó a las autoridades federales y a los legisladores se lo otorgaron. Reconoció que "con frecuencia los rectores salimos a pedir recursos. Sabemos pedir. No nos cuesta trabajo. Lo hacemos seguido. Pero también no nos cuesta trabajo reconocer y hoy lo que yo tengo que decir es gracias. Muchas gracias a las autoridades del gobierno federal y muchas gracias a la Cámara de Diputados; lo que nosotros pedimos, tal cual lo pedimos, fue aprobado en el proyecto que envió el Ejecutivo y fue aprobado en el presupuesto definitivo".
Después del agradecimiento público, Narro explicó que existen dos viejas reivindicaciones que permitirían desarrollar una política de Estado en materia educativa en México, que no se contamine por las coyunturas políticas y permita elevar la calidad de la formación, desde el nivel prescolar hasta el superior. "Acabo de estar el viernes pasado en una reunión de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, en la que reconocimos el esfuerzo que ha hecho el país y también le pedimos al representante del secretario de Educación (Emilio Chuayffet) que hagan dos cosas: no dejarlo como una buena golondrina, sino asegurarnos de que tenga continuidad. Lo que requerimos es que el próximo año tengamos incrementos. Y dos: tenemos que avanzar a la configuración de esos presupuestos multianuales, no podemos trabajar en la incertidumbre ni decirle a una generación este año sí, pero el próximo no sabemos. Tenemos que asegurarnos de que exista ese financiamiento a lo largo de varios años. Tenemos varios años planteando la cuestión de los presupuestos multianuales, no lo hemos podido conseguir, pero los rectores vamos a seguir insistiendo. Es conveniente porque le conviene a México".
El rector de la máxima casa de estudios de nuestro país también defendió la necesidad de una reforma educativa, siempre y cuanto ésta sea integral, que afecte e involucre a todos los agentes que participan en la formación de los ciudadanos mexicanos.
"Nuestro país requiere de una gran reforma educativa. De eso no hay ninguna duda. Necesitamos hacer una reforma integral, que sea incluyente, que parta de todos los actores, no nada más de los profesores, que tome en cuenta los planes de estudio, a los alumnos, los procesos formativos, la evaluación, la supervisión, que genere las condiciones para homologar la manera en la que se está impartiendo la educación en el país. Y estos son apenas los primeros pasos, que sí son importantes y van en la dirección correcta, pero que no pueden terminar en eso. Ni la reforma constitucional ni las leyes secundarias van a resolver el problema, que es de fondo y tiene que ser abordado de manera integral."
Si no lo hacemos nos vamos a equivocar. Necesitamos ver la educación desde la preescolar hasta la superior de manera integral".
El rector José Narro Robles, el canciller español José María García-Margallo inauguraron el Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM, cuya directora es Alicia Mayer Notimex
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martes, 17 de abril de 2012

UNAM Debate Caso-Lombardo 1933-1934

SICLA. Sistema de Información Clasificada         
Información Documental


http://unidad094.upn.mx/revista/54/05.html

El papel de la UNAM ante el Estado como consecuencia del debate Caso-Lombardo 1933-1934



Luis Meza Navarrete

Asesor de la UPN 094 Centro

Los orígenes

En el Décimo Congreso Nacional de Estudiantes, celebrado en Veracruz, del 25 de agosto al 3 de septiembre de 1933, se resolvió que la Universidad Nacional y los demás centros de educación superior del país formaran profesionistas que contribuyeran a la creación de un México socialista. Como una de las conclusiones más sobresalientes, resalta la aceptación incondicional de la cláusula preliminar del Primer Congreso Iberoamericano de estudiantes efectuado en San José, Costa Rica, en mayo del mismo año y cuyo texto es:
«Conclusión preliminar. El fin de la enseñanza ha de consistir, de un modo principal, en preparar mental y moralmente a los niños, a los jóvenes y a los adultos, para la organización de una sociedad sin clases, en la que todos sus miembros satisfagan sus necesidades materiales y espirituales, dentro de un orden en el que los derechos del individuo tengan por objeto el bienestar completo de la colectividad.»1
Cabría resaltar que en esta resolución, se mantiene la tesis de que la simple aplicación de una reforma educativa determinaría la cancelación de la estratificación social organizada por clases sociales, como si la educación por si misma, condujera a la igualdad de los seres humanos. Olvidando por ingenuidad o convicción que la organización social del Estado mexicano se sustenta en un modelo económico y político capitalista.
No podría asegurarse que los estudiantes presentes en dicho congreso defendieran por consenso dicha resolución; algunos estudiantes con ideologías contrarias se opusieron, pero fueron vencidos en la votación. Sin embargo, fue sólo el primer asalto del combate que se verificaría en otros escenarios sociales.
Del 8 al 14 septiembre de 1933, tuvo lugar en la Ciudad de México, el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos, con participación de estudiantes, profesores y funcionarios. En él se propuso y aceptó al materialismo histórico como guía ideológica de la educación media y superior. Esta resolución fue impugnada por Antonio Caso y apoyada por Vicente Lombardo Toledano, lo que dio inicio a una célebre disputa entre el gran filósofo y su alguna vez discípulo.
En el mencionado congreso se aprobaron las siguientes resoluciones:
  1. Las Universidades y los institutos de carácter universitario del país tienen el deber de orientar el pensamiento de la Nación Mexicana.
  2. Siendo el problema de la producción y de la distribución de la riqueza material el más importante de los problemas de nuestra época y dependiendo su resolución eficaz de la transformación del régimen social que le ha dado origen, las universidades y los institutos del tipo universitario de la Nación Mexicana contribuirán, por medio de la orientación de sus cátedras y de los servicios de sus profesores y establecimientos de investigación, en el terreno estrictamente científico, a la sustitución del régimen capitalista por un sistema que socialice los instrumentos y medios de producción económica.
  3. Las enseñanzas, que forman el plan de estudios correspondiente al bachillerato, obedecerán al principio de la identidad esencial de los diversos fenómenos del Universo, y rematarán con la enseñanza de la filosofía basada en la naturaleza.
  4. La historia se enseñará como la evolución de las instituciones sociales, dando preferencia al hecho económico como factor de la sociedad moderna; y la ética, como una valoración de la vida que señale como norma para la conducta individual el esfuerzo constante dirigido para el advenimiento de una sociedad sin clases, basada en posibilidades económicas y culturales semejantes para todos los hombres.2
Antonio Caso, miembro honorario del congreso, se opuso a la adopción del materialismo histórico como la única doctrina que orientará por el contrario las funciones educativas universitarias, alegando que era una tesis falsa, defendió la libertad de cátedra y, rechazó que en las universidades se adoptara oficialmente algún credo.
«Somos una institución de investigación y enseñanza, sólo enseñamos aquello que investigamos y si investigamos que nuestro credo es deficiente, ¿por qué circunstancias vamos a limitarnos a una posición definida por una filosofía? Porque en el mundo nada se define sin una filosofía, la filosofía del colectivismo es el materialismo histórico, tesis actualmente falsa; pero los autores del proyecto aceptan el materialismo histórico.»3
Por su parte, Lombardo Toledano afirmó que era necesario un mayor compromiso social de la Universidad con los sectores marginados de la sociedad, y esta posición sólo sería llevada a cabo de manera eficaz, si se reformaba de raíz la orientación de la educación que se brindaba en la institución. En otras palabras, la UNAM debería ser uno de los pilares en los cuales descansara una acción gubernamental solidaria con los más desposeídos:
«Es necesario reformar la Universidad. Es necesario que ella se apreste en poner en práctica la más alta teoría de la vida contemporánea: socializar al hombre. Es necesario que de la Universidad salga un producto humano que pugne por la creación de una sociedad al servicio de todos los hombres y no de unos cuantos privilegiados. Estas, que son las necesidades más hondas de la Universidad en su papel de vehículo de orientación social, no sólo afectan a la Universidad Nacional Autónoma (Distrito Federal), sino a los institutos de cultura superior de todo el país. El problema de colocar la enseñanza universitaria en el plano de la ideología contemporánea, es un problema nacional…»4
En respuesta, Caso, remata su postura al especificar el papel que debe desempeñar la libertad de cátedra como el sustento de la libertad de elección de los universitarios en formación:
«La libertad es inherente a la cátedra, no debiendo tener más límite el profesor que la obediencia que le impongan las leyes. Es preferible un profesor sabio partidario de una doctrina que no se sustente por los alumnos, que un profesor adocenado que sólo explique una tesis de acuerdo con nosotros porque el primero hace un servicio a la cultura, en tanto que el segundo no hace ningún servicio a nadie.»5
En respuesta a la afirmación, sostenida por Caso, de que la Universidad debería mantener una posición neutral ante las diversas ideologías que se enfrentan en el ámbito social, Lombardo aseguró que esta aseveración implicaba en sí misma, una postura política e ideológica determinada:
Lo que sucede es que durante el último siglo de esta gran etapa de nuestra evolución histórica, se ha creído de veras que las escuelas han sido neutrales frente a los problemas sociales, frente a los problemas humanos y realmente no ha habido tal neutralidad: le hemos estado sirviendo inconscientemente o conscientemente, de modo explícito o implícito, al régimen que ha prevalecido en el país durante mucho tiempo. ...La libertad de cátedra ha servido simplemente para orientar al alumno hacia una finalidad política, en relación con las características del Estado burgués.»6
De acuerdo con la tendencia desfavorable en el debate y ante la eminente derrota de su postura en el seno del congreso, el Doctor Caso profetizó la confrontación de ideas y posturas que habrían de calentar el ambiente universitario de los días posteriores, y que anunciaba que sólo culminaría con la derrota total de una de las partes:
«...Hemos de hacer colectivismo o hemos de irnos de las aulas. Señor Rector de la Universidad Nacional: si esto se aprueba, el profesor Caso deja de pertenecer a la Universidad. Os lo protesto de todo corazón, con toda mi alma.»7

El desenlace

La polémica trascendió al debate intelectual y pronto se expresó políticamente al interior de la propia Universidad. El ambiente se polarizó y los extremos chocaron: en los días siguientes, los alumnos de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en sesión plenaria, se declararon a favor de la libertad de cátedra, en defensa de la autonomía universitaria y en contra de la actitud prosocialista de Lombardo Toledano y del sector universitario, identificado con la línea gubernamental, que incluía al propio rector Roberto Medellín. Decidieron asimismo, rechazar las conclusiones del Primer Congreso de Universitarios; acción que precipitó la destitución del director Rodolfo Brito Foucher8 a quien se señaló como uno de los principales instigadores, un día después estalló la huelga en dicha facultad y se exigieron las renuncias del rector Medellín y de Lombardo.
Al Rector Medellín lo apoyaron Enrique O. Aragón, Director de Filosofía, Ignacio Chávez, de Medicina, José Villagrán, de Arquitectura, Roberto Casas Alastriste, de Comercio, y, obviamente Lombardo Toledano de la Escuela Nacional Preparatoria. Finalmente, el rector Medellín decidió sacrificar a Lombardo Toledano, lo que fue visto como una clara señal de debilidad que precipitó su propia caída, ya que en octubre presenta su renuncia y se designa a Manuel Gómez Morín como rector interino.
A la postre, resultaron vencedores los opositores a la reforma socializante, quienes vieron en ella la posibilidad de demandar una nueva reforma que garantizara la obtención de la plena autonomía. Por su parte, el gobierno no tenía intenciones de alargar el conflicto universitario ya que su principal prioridad era la implantación de la educación socialista en los otros niveles educativos, principalmente en la educación primaria; Por ello el presidente Abelardo Rodríguez envió al Congreso la iniciativa de reforma a la Ley Orgánica de la Universidad el 15 octubre de 1933 y el 21 el Congreso de la Unión señala las nuevas características del estatuto de la Universidad:
  1. Perdía el carácter de Nacional
  2. Conservaba el gobierno de estudiantes y profesores en las academias y en el consejo universitario
  3. Recibía un patrimonio constituido por los edificios, muebles, equipo y útiles que ya poseía, dividendos, intereses, etc., y de un fondo de 10 millones de pesos.9
  4. El gobierno no daría un peso más a la Universidad.10
La victoria, sin embargo, tendría un enorme costo, como la Universidad se desatendía del papel que el Gobierno le tenía encomendada, no disfrutaría de su apoyo económico y sería relegada por varios años de los recursos estatales. La nueva Ley Orgánica auspiciada por el secretario de Educación Pública, Narciso Bassols, otorgaba a la Universidad, en efecto, la autonomía plena, pero el gobierno se desentendía por completo de apoyar económicamente la educación superior capitalina. Esto significó un congelamiento en las relaciones Estado-Universidad que habría de durar hasta el gobierno de Ávila Camacho, en las consecuencias negativas para el desarrollo de la Universidad, de la educación y del país.
Notas
1.- Guevara Niebla, Gilberto. La Educación Socialista en México, 1934-1945, México, SEP-Ediciones El Caballito, Antología, 1985, pág. 38.
2.- El Nacional, septiembre 15 de 1933.
3.- Lombardo Toledano, Vicente. Obra Educativa. México, Tomo II, Col. Educadores Mexicanos, Coordinación de Humanidades, UNAM, IPN, 1987, pág. 399.
4.- Ibid., pág. 390.
5.- Ibid., pág. 405.
6.- Lombardo, op. cit., pág. 409.
7.- Ibid., pág. 421.
8.- Quien años después sería Rector de la Universidad.
9.- Mayo, Sebastián. 1964, Pp. 168-170
10.- Antes de la plena autonomía el gobierno entregaba a la UNAM entre 3 y 4 millones de pesos anuales que constituían el 70% del presupuesto, el 30% restante era por concepto de cuotas estudiantiles y otros ingresos propios. el subsidio otorgado de diez millones se entregaría por partes a la Universidad. Ante la penuria Gómez Morín lo redujo «c) Los ingresos propios de la Universidad este año serán los siguientes: 1. Por intereses y frutos de su capital 625, 000.-; 2. Por concepto de cuotas de colegiaturas, 600,000.- 3. Por donativos, ayuda de exalumnos y otros similares 375,000.- Total  1,800,000.- (Gómez Mont, María Teresa, Manuel Gómez. La lucha por la libertad de cátedra, México, Coord. de Humanidades, UNAM, 1996. Pág. 243).


Articulo publicado en la Revista Xictli de la Unidad UPN 094 D.F. Centro, M�xico. Se permite su uso citando la fuente. Direcci�n www.unidad094.upn.mx

jueves, 3 de septiembre de 2009

Raúl Ramos Zavala, ideólogo de la guerrilla urbana, 30 años después. Pascal Beltrán del Río

La del 6 de febrero de 1972 era una mañana de cielo despejado en la capital. Nada había ese domingo que conmoviera a la ciudad, fuera del partido de futbol Atlante-Universidad. Tres jóvenes cuchicheaban en una banca del casi desierto parque México, en la colonia Condesa.
Avisados por alguien, los policías preventivos Sotero Tobón Zárate y Andrés Márquez Milán descendieron de su patrulla, la 314, y se dirigieron hasta donde conversaban los tres muchachos. Al ver venir a los agentes –narraría el parte policiaco--, dos de los tres jóvenes desenfundaron sus pistolas y dispararon sobre ellos. Márquez murió en el acto, mientras que Tobón, herido, alcanzó a sacar su arma y disparó en respuesta.
Otro agente, Diego Velázquez, quien supuestamente sólo pasaba por el lugar, disparó sobre uno de los jóvenes. Según el parte, éste estaba a punto de rematar a Tobón, quien se desangraba en el suelo.
El muchacho era Raúl Ramos Zavala, exmiembro de la Juventud Comunista, buscado por la policía por su participación en asaltos ocurridos en la Ciudad de México y Monterrey.
Herido de muerte, Ramos Zavala fue llevado en vilo por su compañero Jorge Alberto Sánchez Hirales, hasta que ambos fueron copados por la policía. Sánchez Hirales continuó disparando hasta vaciar el cargador de su Smith &Wesson.
Nacido en 1947, en Torreón, Ramos Zavala estudió Economía en la Universidad de Nuevo León y se involucró intensamente en las luchas de esa casa de estudios. Muy joven se adhirió a la Juventud Comunista (JC), dirigida entonces por Marcos Leonel Posadas.
En agosto de 1969, la organización envió a Ramos Zavala a la Ciudad de México, para hacerse cargo de la reorganización de estructura en la Universidad Nacional Autónoma de México, seriamente dañada tras de la represión al movimiento estudiantil de 1968.
Aunque era un cuadro cercano a la dirigencia de la JC, Ramos Zavala comenzó a inconformarse con la “rigidez” de los lineamientos de la organización y los de su casa matriz, el Partido Comunista Mexicano. Incorporado a la planta docente de la UNAM, como adjunto del economista Jesús Puente Leyva, Ramos Zavala desarrolló la idea –inspirado en la obra del guerrillero urbano brasileño Carlos Marighella— de que la lucha política legal necesitaba ir acompañada de un contingente armado que la protegiera de la represión. Y vendió esa idea no sólo entre estudiantes comunistas de la UNAM sino también entre miembros de la JC de otras partes del país, que compartían su inconformidad.
Para diciembre de 1970, las tesis de Ramos Zavala, plasmadas en distintos documentos –entre ellos, El Proceso Revolucionario— ya tenían un buen número de seguidores en la JC. Ese mes, la organización celebró un congreso, en Monterrey. El grupo de Ramos Zavala asistió con la idea de que la JC modificara su línea, pero fue aplastado por “maniobras de la estructura del partido”, según recuerda Joel Ortega, exmiembro de la Juventud.
Distanciado cada vez más de la ortodoxia comunista, Ramos Zavala abogó con sus seguidores por el desarrollo de una organización armada, cuyo primer objetivo sería la “autodefensa” de los movimientos populares.
Ramos Zavala sostenía que de no organizarse dicha autodefensa, los movimientos populares no tendrían futuro frente a la represión, recuerda Joel Ortega. “Nos van a cazar como moscas”, solía advertir Raúl.
La represión del Jueves de Corpus de 1971, que atestiguaron Ramos Zavala y sus compañeros, confirmó en ellos la idea de que la lucha política legal carecía ya de sentido. Pocas semanas después de ese 10 de junio, el grupo realizó su primera acción armada: El asalto a una terminal de camiones en Ermita Iztapalapa.
Parte fundamental de la estrategia del grupo –que era conocido como los Procesos, por el documento de Ramos Zavala—era la acción conjunta de distintos grupos armados.
Raúl, que para entonces ya era padre de un niño, viajaba frenéticamente por el país para establecer los contactos. Así, las primeras armas de los Procesos fueron provistas por el grupo del chihuahuense Diego Lucero, conocido como el Núcleo Central. Y un nexo importante se dio con un grupo de jóvenes cristianos, encabezado por Ignacio Salas Obregón y José Luis Sierra Villarreal, a quienes Ramos Zavala había conocido y tratado en Monterrey, y que habían llegado por otra vía teórica al camino de las armas.
En diciembre de 1971, varios grupos –entre ellos, los Procesos, el Núcleo Central, el Movimiento de Acción Revolucionaria y la guerrilla de Lucio Cabañas— planearon el asalto de la nómina millonaria de Petróleos Mexicanos. La acción no pudo llevarse a cabo y se optó entonces por realizar asaltos bancarios simultáneos en distintas ciudades.
Los asaltos, efectuados en Chihuahua y Monterrey, en enero de 1972 fracasaron, con un saldo de guerrilleros muertos, heridos y encarcelados.
Entre los sobrevivientes estuvieron Ramos Zavala y Salas Obregón, quienes consiguieron salir de Monterrey sin ser detenidos. Ramos Zavala pudo llegar a la Ciudad de México en tren y se ocultó por varios días en una casa de seguridad de la colonia Narvarte.
Su principal necesidad en esos días era recontactarse con lo que había quedado de la guerrilla, relata su esposa, Victoria Montes.
El 6 de febrero --cuatro días después de la muerte del líder guerrillero Genaro Vázquez, en Michoacán--, Ramos Zavala asistió a una reunión en el parque México. Se encontraría ahí con Jorge Alberto Sánchez Hirales, un exmilitante de la JC, de Mexicali, y con Heber Matus Escarpulli, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, a quien el PCM había enviado a estudiar a Bulgaria.
Matus encabezaba una célula de apoyo a la guerrilla, conocida como los Tábanos, que aún no se incorporaba a la lucha armada. La idea de la reunión en el parque, explica Ramón Sosamontes, quien militaba en la célula, era que el grupo diera el paso a la guerrilla.
La rápida liberación de Matus y la aprehensión del resto de los Tábanos unas horas después –“mientras veíamos por televisión el Atlante-Universidad”, recuerda Sosamontes— han hecho aparecer a aquél como delator. “Incluso hay quienes creen que Matus entregó a Raúl”, dice el exdiputado perredista.
En todo caso, opina Joel Ortega, “la muerte de Raúl es un enigma”.
Estudiante de la Facultad de Economía en esos años, a Joel Ortega le tocó discutir con Ramos Zavala sobre la lucha armada. “Nunca estuve de acuerdo con ellos; se equivocaron gravemente”, dice, en relación con el grupo de Raúl. “Hay que reconocer la determinación y el arrojo de ese grupo, pero tenían una visión equivocada de la realidad y, sobre todo una nula preparación. Si no sabían manejar un carro, mucho menos un arma”.
Había temor de reclamar el cadáver de Ramos Zavala. Por intermediación de Puente Leyva y de Ifigenia Martínez, directora de la Facultad de Economía, las autoridades entregaron el cuerpo, que fue velado en una funeraria de la colonia San Rafael.
“Había seis personas en la funeraria, entre ellos Pablo Gómez y yo”, cuenta Joel Ortega. La Facultad de Economía puso una esquela en el periódico. Los restos de Ramos Zavala fueron trasladados a Monterrey.
Como sucesor de Ramos Zavala, a Ignacio Salas Obregón le tocó concluir su obra: la unificación de los grupos rebeldes, que culminó en Guadalajara, en marzo de 1973. No estaban todos los grupos, pero entre los fundadores de la Liga Comunista 23 de Septiembre –como se bautizó a la nueva organización— estuvieron Estela Ramos Zavala, la hermana de Raúl, y su esposo, José Angel García.
--¿Qué valor histórico tiene la vida de Ramos Zavala? –se le pregunta a Joel Ortega, quien hasta hace unos días asesoraba a Rodolfo Elizondo, actual responsable de comunicación de la Presidencia de la República.
--Yo creo que uno muy importante: Raúl era representativo de esta generación desgarrada, que no llegó a las armas como producto de la amargura sino de una concepción teórica, así haya estado equivocado. Raúl tenía futuro como economista. Era el alumno más brillante de Chucho Puente Leyva. De haber escogido otro camino, bien pudo haber sido secretario de Estado o algo por el estilo.