sábado, 29 de enero de 2011

Luchas en el IPN: Del cardenismo a la huelga de 1956

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Luchas en el IPN: Del cardenismo a la huelga de 1956

Escrito por: 
 Armando Rodríguez
Todos aquellos acontecimientos que han estremecido la historia del Politécnico, son mencionados por la “Historia oficial” –comenzando por la de las mismas autoridades del IPN–, como hechos anecdóticos o  trágicas historias. Sin embargo, vistos como son, estos acontecimientos representan una poderosa fuente de inspiración para todo aquel estudiante que desee defender la educación pública y de calidad.
La verdadera historia del IPN es la historia de los hijos de obreros y campesinos luchando permanentemente por intentar acceder a un nivel de cultura superior, indisolublemente enfrentando las políticas del Estado y las autoridades por mermar su carácter científico y popular.
El gobierno de Lázaro Cárdenas
 La noche del 18 de marzo de 1938, Lázaro Cárdenas dirigía un discurso a la nación por medio de las emisoras de radio a través del cual daba a conocer el Decreto de Expropiación de la Industria Petrolera Mexicana. Este acontecimiento, por sí solo histórico, sería acompañado por la repartición masiva de tierras, la nacionalización de los ferrocarriles y la electrificación del país. Sin poner nunca en tela de juicio la propiedad privada sobre los medios de producción, el proyecto cardenista se basó en la nacionalización de sectores claves de la economía.
Si bien es cierto que el régimen Cardenista representó un gobierno que ataba de pies y manos al movimiento de los obreros y los campesinos, también es cierto que, ante la presión de las masas, cedió concesiones que hoy podrían ser consideradas como verdaderas conquistas históricas.
La política educativa es, en última instancia, una consecuencia de la política económica. Claro ejemplo de esto es la política de nacionalización de sectores industriales claves bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas. Este proceso tuvo su impacto a su vez en la política educativa, la cual dio un giro importante.
El proyecto de una “Universidad Tecnológica” surgió bajo el gobierno Cardenista a partir de una necesidad objetiva por parte del Estado y la naciente burguesía nacional.
El gobierno de Cárdenas, por la fuerza de los hechos, comprendió perfectamente la necesidad de darle un sentido más práctico a la educación, pero no en el sentido estrecho de la palabra, sino en el sentido de fusionar los conocimientos de la ciencia con las tareas que la industria nacional exigía.
Con las bases sentadas, y con toda una fraseología socializante, la necesidad del Estado llevó a la creación del Instituto Politécnico Nacional, o en palabras del propio Cárdenas, a la creación de “Politécnicos Locales o Regionales para formar los capitanes y el estado mayor de las clases obreras del país". 
Los orígenes del IPN
El origen del IPN se gesta a partir de la integración de algunas escuelas técnicas ya existentes. Por ejemplo, la llamada escuela de Artes y Oficios termina convirtiéndose en la ESIME o la Escuela Técnica de Maestros Constructores en la ESIA. Otro ejemplo es la Escuela Federal de Industrias Textiles No 2 que al fundarse el IPN cambia su nombre al de ESIT. Y así podríamos mencionar otros ejemplos de escuelas que, en el proceso, o ya creado el IPN, fueron transformándose hasta convertirse en muchas de las escuelas que hoy existen.
El Instituto Politécnico Nacional se crea el 1º de enero de 1936 bajo la especial atención del régimen Cardenista encabezado por Juan de Dios Batís, director a la sazón del Departamento de Educación Técnica Industrial y Comercial (DETIC). Un hecho a destacar es el que El IPN nace sin ningún tipo de decreto oficial; sin ninguna ceremonia solemne; sin ninguna Ley Orgánica; e incluso sin la figura de Director General que fue asumida por el propio Batís. En concreto, la necesidad relegó a segundo plano la formalidad. El Politécnico se fundó, de hecho, al margen de la ley. Para que no nos vengan luego con el cuento de la “Institucionalidad”, en 1936 en el IPN solo encontrábamos la “institucionalidad” en su nombre.
No fue sino hasta un año después, el 20 de febrero de 1937 cuando en una ceremonia realizada en el palacio de Bellas Artes, se funda, de manera más o menos oficial, el Instituto Politécnico Nacional y se designa a Roberto Medellín Ostos como director.
En sus inicios el IPN contó con seis escuelas de nivel superior, seis prevocacionales y cuatro vocaciones en el DF, además de una escuela superior en Río Blanco Veracruz y once prevocacionales en distintos estados de la provincia. La población estudiantil ascendía a más de 15,000 alumnos. Algunos de los edificios del Politécnico se encontraban en el centro histórico y algunos otros en los terrenos de la Ex Hacienda de Santo Tomás. El proyecto del gobierno apuntaba a la construcción de más edificios en los terrenos del Casco de Santo Tomás, como así lo haría más tarde.
Fue un hecho tácito el que el IPN había sido creado para los hijos de los trabajadores y campesinos. Esto sí que no fue solo un simple discurso. Las estadísticas muestran que la composición social de los estudiantes era marcadamente proletaria: el 24% eran hijos de obreros o campesinos, el 32% de empleados de empresas privadas o del gobierno, el 6% eran hijos de desempleados o sirvientes, el 8% trabajaba para mantenerse, los hijos de los comerciantes constituían el 10% y el 16% hijos de ganaderos. Finalmente, el 1% dependía de la beneficiaria pública.
El carácter popular del Poli llegaba a casos como el de la Escuela Superior de Ingeniería Textil –ESIT–, donde la selección de estudiantes se daba exclusivamente entre las fábricas textiles a partir de asambleas obreras: a partir de de un acuerdo entre las autoridades del instituto, por medio de asambleas fabriles, los trabajadores elegían, entre los mismos trabajadores o sus propios hijos, quienes deberían ingresar a la ESIT. Esto inevitablemente tendría más tarde sus consecuencias en la organización y disciplina que los estudiantes mostrarían en los procesos de lucha venideros.
Otro hecho significativo durante los primeros años del Politécnico fue la cantidad de estudiantes provenientes del interior del país. Esta situación orilló a que el DETIC ofreciera los servicios de un internado dentro de las instalaciones del Casco de Santo Tomás, donde se ofrecían los servicios de comedor y dormitorio a los estudiantes de escasos recursos.
En síntesis, la creación del Politécnico en los años 36-37 había significado un proceso más o menos gradual alentado por la necesidad imperiosa de desarrollar y mantener la industria nacionalizada o próxima a nacionalizarse. Sin embargo, esta necesidad creo también situaciones suigeneris como el hecho de que el IPN surgiera sin una Ley Orgánica, es decir, sin un marco jurídico donde se establecieran las responsabilidades y obligaciones de la Institución.
El problema surgiría cuando estos Valores que quedaban como hechos sobreentendidos para todos, ya no correspondían a las intenciones del Estado y sus gobiernos. He aquí cuando se abrirían periodos en donde los estudiantes exigirían la solución en términos legales de todas estas pequeñas o grandes contradicciones que no habían sido resueltas ante la embestida del gobierno por despojar al instituto, digamos, del espíritu con que originalmente fue creado.
La política educativa de los gobiernos que sucedieron al de Cárdenas comenzó a ser sustancialmente distinta en tanto que la política económica comenzó a ser distinta también. El proceso de lucha interminables surgió cuando los intereses y aspiraciones de los estudiantes –y la comunidad en general del Poli–  chocó con la política de los gobiernos post cardenistas.
La lucha llegó para quedarse: 1942
Para 1940 toma posesión como Presidente del país Manuel Ávila Camacho, quien había sido elegido por el propio Cárdenas como el candidato oficial del PNR –antecesor del PRI–. A la postre, el régimen Avilacamachista habría de significar un giro en la política populista de Lázaro Cárdenas.
Bajo el contexto de la segunda guerra mundial, el país se convirtió en exportador de materias primas. Esto provocó que la floreciente burguesía nacional se enriqueciera y adquiriera cierto poder. Pero el hecho más importante dentro del gobierno de Ávila Camacho fue que la reforma agraria se detuvo, dando grandes extensiones y las mejores tierras a los terratenientes. Esto tuvo sus repercusiones en la política educativa llevada hasta ese entonces por el gobierno Cardenistas. Se modificó, por ejemplo, el Artículo 3º de la Constitución; el proyecto de la llamada Educación Socialista, impulsado por Cárdenas, fue sustituido por una política en donde se permitió la proliferación de escuelas privadas, permitiendo, incluso, la intervención del clero. En este sentido las instituciones más afectadas fueron el IPN y las Escuelas Normales Rurales.
Luego de una reducción permanente al financiamiento del Instituto por parte del régimen, en 1942 se promueve una iniciativa de reforma a los artículos 91, 92 y 93 de la ley orgánica del Artículo 3º constitucional, lo que habría significado la desaparición del IPN, ya que se pretendía despojar a la Educación Tecnológica de su carácter profesional y superior. La respuesta a esta reforma fue impulsada y dirigida por los estudiantes organizados en torno a la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET). La FNET responde lanzándose a la huelga el día 4 de Marzo de ese mismo año. Las reivindicaciones sin embargo iban mucho más allá: en el pliego petitorio los estudiantes exigen que, además de mantener el carácter profesional, se expida una Ley Orgánica que legitime jurídicamente al Instituto, que sea la SEP y no la UNAM la que extienda los títulos oficiales para los estudios superiores, construcción de nuevas escuelas y aumento al presupuesto.
Las autoridades entran en cerrazón, niegan la legitimidad del movimiento y rechazan cualquier tipo de reivindicación estudiantil. Ante esta situación, los estudiantes se movilizan dos días después. El 6 de marzo parte una marcha del Casco de Santo Tomas al Zócalo. La movilización es interceptada por la policía en la calle de Madero y dispara a la multitud. En la represión también intervienen los bomberos quienes asesinan literalmente a hachazos a una estudiante llamada Socorro Acosta. La brutalidad del gobierno arrojaría un saldo de 4 muertos y los estudiantes denunciarían que los cuerpos habían sido desaparecidos.
Acompañada de acciones represivas, el gobierno intenta desprestigiar el movimiento y señala a José A. Díaz de Sandi, integrante de la FNET y uno de los dirigentes que encabeza el movimiento, como miembro del Partido Comunista. Ante esta situación, la FNET llama a plantarse ante Palacio Nacional. La presión ejercida por el movimiento obliga a Ávila Camacho a negociar con la FNET. Finalmente éste legitima el movimiento y acepta las demandas estudiantiles como justas. Las reformas al Artículo 3º son frenadas, en cambio, el gobierno promete comenzar las reformas legales para el reconocimiento del IPN. La Huelga se levanta el 13 de Marzo… pero las reformas prometidas nunca llegarían.
La FNET
El año de 1942 representaría un punto de ruptura entre los estudiantes y el gobierno después de la “luna de miel” vivida bajo el régimen de Cárdenas. Y quién se había puesto al frente de aquella primera gran lucha había sido la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos.
La composición social de los estudiantes en las escuelas de corte tecnológico en general y en el IPN en particular tenía un origen predominantemente popular -entiéndase obrero y campesino-,  esto les daba un gran sentido de la organización y la disciplina. Incluso la primera victoria del movimiento estudiantil vendría a darse apenas en 1938 cuando los estudiantes logran establecer dentro del reglamento de los consejos técnicos que se consulte a los alumnos.
Ya para entonces en todas las escuelas tecnológicas del país existían las llamas sociedades de alumnos, las cuales eran organizaciones orientadas a desarrollar actividades culturales o deportivas. Los estudiantes mas consientes comenzaron a organizarse en éstos espacios y a transformarlos en los primeros medios de organización política. En sus inicios, La FNET basó su estructura en éstos organismos. 
Las sociedades de alumnos no tenían nada que ver con lo que son ahora. Sus formas eran totalmente democráticas: los candidatos formaban planillas en sus escuelas y eran votadas en asambleas amplias; las casillas eran abiertas y los votos contados en el momento. Los que obtuvieran la mayor cantidad de votos serían los presidentes de las sociedades de alumnos, los presidentes de las sociedades de alumnos a su vez se reunían para elegir un secretario, un presidente y comisiones quienes darían forma al esqueleto de la FNET... Aunque parezca difícil de imaginar.
La historia de la FNET se remonta hasta 1931 con la creación de la Federación de Estudiantes Técnicos y Profesionales no Universitarios. Pero es hasta 1937, ya con la fundación del IPN, cuando en la ciudad de Chihuahua se desarrolla el primer Congreso Nacional de Estudiantes Técnicos. Sobre las bases de dicho congreso es fundada la FNET y electo primer presidente a Jesús Robles Martínez.
Desde el principio la FNET se estableció como una organización que buscaba defender y preservar los ideales del movimiento revolucionario: educación gratuita, laica y de calidad para los hijos de los obreros y campesinos. Las posiciones radiales de la FNET fueron alimentadas con la reforma al Artículo 3º durante el gobierno Cardenistas, que establecían que la educación tenía un carácter “socialista”. Además la FNET estaba afiliada a la Confederación de Jóvenes Mexicanos (CJM) y con ella a la Unión Internacional de Estudiantes y a la Federación Mundial de la Juventud Democrática.
Después de la batalla del ‘42 dirigida por la FNET, se vendría el desarrollo de un periodo en apariencia más o menos estable dentro del IPN que se rompería en 1956 cuando uno de los combates más inspiradores en la historia del movimiento estudiantil habría de ocurrir, y la FNET habría de estar nuevamente en la primera línea de batalla.
1956: La lucha de clases en México llega a su punto álgido
El desarrollo industrial en el país experimentaría un crecimiento durante los años 40’s. La consigna oficial de Miguel Alemán seria “industrialización a cualquier precio”. Esto creaba una necesidad aun mayor de tecnología propia y mano de obra altamente calificada. La industrialización iba alcanzando otras ciudades y el IPN comenzaba a ser insuficiente para el flujo de estudiantes que se iban concentrando en la Capital. Debido a todo ello el gobierno emprendió la tarea de crear nuevas escuelas más allá de la Ciudad de México, en donde prácticamente se concentraban todas las escuelas de carácter técnico de nivel medio superior y superior del país.
Miguel Alemán Valdés, presidente en el periodo 1946-1952, asumiría una posición en su plan de gobierno en torno a la Educación Técnológica de la siguiente manera:
“...la industrialización del país, la rehabilitación de nuestros ferrocarriles, el desarrollo de la aviación y de la marina mercante, la mecanización del campo, la electrificación rural y el anhelo de que México no sólo aproveche los adelantos de la ciencia universal, sino que pueda aportar a su desarrollo el genio de nuestro pueblo, requiere que las escuelas técnicas se multipliquen en el país”.
En general, podemos afirmar que durante éste sexenio se vuelve a dar una expansión de la educación Tecnológica; en 1947 Miguel Alemán firma el acuerdo para crear la ESIQIE; en 1951 se crea la Escuela Técnica Industrial Wilfrido Massieu, hoy CECyT 11; en 1952 se inaugura la Escuela Superior de Economía; debido a la demanda se construye un nuevo edificio para la ESIA. Un aspecto importante a destacar, es el hecho de que, durante este periodo, entra en vigor la primer Ley Orgánica en el IPN.
Con un programa ambicioso de obras públicas, Miguel Alemán ordena la construcción de escuelas tecnológicas de nivel superior, similares al IPN en los Estados. Crea la escuela Naval de Veracruz, la escuela de Aviación Militar en Zapopan y se crea también, como consecuencia de ésta expansión, la Escuela Nacional de Maestros. Además, en agosto de 1952 dirige un discurso en donde inauguraría las instalaciones de Ciudad Universitaria. Bajo este contexto, un par de años antes, se crea el TEC de Monterrey y el ITAM, universidades privadas con un carácter Tecnológico también.
Esta situación permitió un desarrollo más o menos gradual de los acontecimientos dentro de la vida interna en el IPN. Podríamos definir este periodo –los 40’s y principios de los 50´s– como un proceso de acumulación de fuerzas de los estudiantes, tanto en el sentido cuantitativo como en el cualitativo. La FNET se había fortalecido numéricamente por el crecimiento de la matricula dentro de las Escuelas tecnológicas y por la construcción de nuevas escuelas en sí mismo. Sobre la experiencia de luchas pasadas, ahora en el movimiento estudiantil se encontraban dirigentes aguerridos y decididos como Nicandro Mendoza, estudiante de medicina, presidente de la FNET y miembro del Partido Popular Socialista.
Está claro que Ávila Camacho y Miguel Alemán representaron un giro en la política nacionalista de Cárdenas. Impulsaron la industrialización bajo la lógica de favorecer abiertamente los intereses privados.
Sin embargo los avances en términos de la infraestructura para la educación no significaron, durante éstos gobiernos, la desaparición de los problemas. A final de cuentas serían los que generarían nuevos y agudizarían los ya existentes: falta de maestros, laboratorios arcaicos, becas insuficientes, rezago en los planes y programas de estudio, etc.
La situación del internado, por otra parte, se hacía cada vez más crítica. Sus capacidades estaban lejos de dar respuesta a la necesidad de los estudiantes pero las autoridades no estaban dispuestas a mantener un espació que se había convertido en un hervidero político; definitivamente el internado se había convertido en el cuartel general de la FNET.
Sería finalmente bajo el régimen de Adolfo Ruíz Cortínes cuando se abriría el proceso de lucha más importante en la historia del movimiento estudiantil hasta ese momento en nuestro país.
En 1956 las cosas estaban bastante agitadas en todos los aspectos. En el caso del IPN, ya desde 1955 le había sido enviada a las respectivas Cámaras una propuesta de Ley Orgánica, la cual, pasado unos meses, aun no había sido aprobada. Esta situación fue la gota que derramó el vaso. La FNET plantea una serie de demandas entre las cuales se encontraba la aprobación de la segunda Ley Orgánica, la cual debía ser formulada democráticamente, y la destitución del director general Rodolfo Hernández Corzo. Ante la negativa de las autoridades, el movimiento se expande como las llamas en el pasto seco.
El 11 de abril de 1956 se cuelgan las banderas rojinegras en todas las escuelas del IPN cuando en el Casco de Santo Tomas Nicandro Mendoza hace un llamado a la huelga general. Años más tarde el propio Nicandro comentaría:
“Los estudiantes luchamos por mas horas de clase, mas maestros, mas laboratorios, mas talleres, mas aulas, por la construcción de la Ciudad Politécnica. Por  mas becas, mas casas hogar, mas hogares colectivos y por la construcción de internados para que se ampliaran las oportunidades de educación de los hijos de obreros y campesinos.
“Se volvió a reclamar la promulgación de la Ley Orgánica que diera existencia legal al IPN; por el establecimiento del Sistema Nacional de Enseñanza Técnica, porque se pusiera fin a la anarquía que se estaba generando en todos los sistemas educativos del país.”
El pliego pretorio contenía trece puntos que iban dirigidos al secretario de Educación Pública, José Ángel Cisneros, y al presidente Adolfo Ruiz Cortínes. Entre los puntos del pliego se exigía que la Ley Orgánica fuera realizada por la Comisión Mixta de las Autoridades y los Alumnos, destitución del director general, liberación de mayor presupuesto –10 millones de peso en 1956 y 20 millones para 1957–, conclusión de las obras de infraestructura no terminadas, actualización de los planes y programas de estudio, entre otras. Los estudiantes también se oponían al Plan Columbia que establecía el asesoramiento Norteamericano en materia de Educación Técnica Superior. Pero una demanda extremadamente sensible para los estudiantes era lo referente a Becas y dormitorios.
Desde la creación del IPN se planteó la necesidad de crear un espacio para aquellos estudiantes foráneos que no tenían oportunidad de mantenerse por sus propios medios, de tal forma que se creó un internado en parte de lo que hoy es la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB), en donde, bajo la categoría de Becados, los estudiantes dormían y comían. Sin embargo para 1956 la situación del internado se había degradado de forma considerable. En aquel momento existían unos 3500 becados reconocidos oficialmente, pero marginalmente existían unos 1500 estudiantes conocidos como “gaviotas”. Para estos estudiantes, pertenecer al IPN era una cuestión de estudio y supervivencia. Sin tener recursos para renta o comida, aquellos jóvenes se las arreglaban para dormir, ya sea debajo de las escaleras del estadio o ya sea donde pudieran. Cuando la hora de la comida llegaba en el internado, los “gaviotas” esperaban a que, intencionalmente, los becados dejaran restos de comida en sus platos para que posteriormente ellos pudieran entrar y “comer”.
Las demandas que levantó el pliego en este sentido no podía ser otras: creación de 300 plazas de casas hogar, 500 de hogares colectivos y un vale anual por mil pesos para los alumnos con servicio asistencial.
La huelga es secundada por todas las escuelas normales rurales en el país encabezadas por la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), luego se les unen la Escuela Normal Superior, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, la Escuela Michoacana de San Nicolás y las universidades de Guadalajara, Baja California y Nayarit; las Escuelas Prácticas de Agricultura habían paradado actividades seis días atrás. Esto creo una situación electrizante. Más de 100 mil estudiantes se habían declarado en huelga alcanzando 23 Estados de la República, la mayor en la historia hasta ese momento. El 19 de abril se convocaría una manifestación en donde asistirían alrededor de 25 mil personas.
La huelga se extendió y fraternizó con la lucha que Othon Salazar estaba impulsando en aquel mismo año contra las políticas “charriles” de los dirigentes del SNTE. En la Universidad Nacional hubo manifestaciones de solidaridad. De hecho, días antes de la intervención del Ejército en el Casco de Santo Tomás, Nicandro Mendoza y Augusto Velazco –del internado del IPN y del Comedor de la Universidad respectivamente– habían acordado hacer un frente común en la lucha. La respuesta de las autoridades en la Universidad fue la clausura del Comedor Universitario.
La organización estudiantil en el IPN demostró una abnegación admirable. El sistema de brigadas que se llevo a cabo en 1968 tiene sus raíces en éste movimiento.
Durante la huelga del ‘56, los estudiantes armaron brigadas con camiones recorriendo la república y la ciudad de México. A las brigadas se les daba nombres como “Francisco Villa”, “Emiliano Zapata”, “Lázaro Cárdenas”… Su tarea consistía en informar a la gente sobre su movimiento, hacer asambleas informativas en mercados y lugares públicos –desde cines hasta fábricas–, incluyendo organizaciones obreras y campesinas. Los estudiantes no solo debatían sobre las demandas estudiantiles sino también sobre los problemas que aquejaban a la sociedad en general, lo que contrarrestó la propaganda oficial y generó una enorme simpatía entre la gente. Una de las tareas fundamentales consistía en que, a la par de que se realizaban mítines, se pedía el apoyo económico a la gente –se boteaba, pues-. Mientras, las brigadas de mujeres organizaban comedores al aire libre. Era ese el tipo de cosas las que mantenía por los cielos la moral de los estudiantes, ya de por si combativos.
La táctica aplicada por el gobierno fue la del desgaste y la división. El 6 de junio, casi dos meses después, el gobierno negocia y llega a acuerdos con las normales rurales y con las de prácticas de agricultura. Unos días después, la SEP acuerda con la Escuela Nacional de Maestros. De las cinco escuelas con un peso específico importante, en tres la huelga había sido levantada; en ese momento solo se mantiene el IPN y la Normal Superior. 
El movimiento en el IPN queda aislado y pierde fuerza. El gobierno aprovecha esta situación para ofrecer soluciones superficiales. Entre la espada y la pared la dirección de la FNET decide levantar la huelga el 21 de junio sin avanzar en ningún punto del pliego petitorio pero se mantienen exigiendo la destitución del director general, a lo cual accede el gobierno y se nombra como nuevo director a uno de los personajes más oscuros en la historia del IPN: Alejo Peralta.
El movimiento formalmente había terminado pero ésta lucha había significado un parte aguas en la historia de las luchas estudiantiles ulteriores.
Incluso una vez levantada la huelga, al percibir que las demandas no habían sido resueltas, los estudiantes se dirigían a sus dirigentes preguntando cuando continuarían con la “actividad revolucionaría”. Los mismos líderes de la FNET habrían de reconocer que estaban asombrados con la disciplina y la disposición de los estudiantes. Alguno de éstos dirigentes llegó a comentar que…
 “La disciplina revolucionaria observada por los estudiantes en la huelga alcanzó niveles tan elevados que incluso superó a la que muestran los obreros en sus luchas. Esto nos llena de orgullo a nosotros, pero hace temblar de miedo a los hombres del gobierno que pueden cometer un crimen con nuestros líderes...”
Cuando parecía que las cosas se estabilizarían, ocurrió una fractura en la relación entre los estudiantes y el nuevo director de la Institución. Para analizar éste acontecimiento es necesario entender que durante estos procesos las personas comunes, desinteresadas en política, rompen con la inercia que les impone los problemas de su vida cotidiana, entran a la lucha y experimentan nuevas formas de organización y discusión; las personas se politizan y comienzan a cuestionarse situaciones que comúnmente les parecían cosas inalterables.
Es así como el nuevo director, Alejo Peralta, designa a los funcionarios del internado sin ningún tipo de consulta entre los estudiantes. Sin debate ni concesión en un momento aún caliente por las magnitudes de la lucha reciente, esta maniobra no puede ser considerada más que como una provocación. Las autoridades sabían que los estudiantes del internado, ya de por sí radicalizados, se opondrían a aceptar esta situación. Finalmente el conflicto no tendría punto de negociación.
El 23 de septiembre alrededor de las 4:00 am, con los estudiantes dormidos y sin la posibilidad de reacción, se lleva a cabo la llamada “Operación P”. 1800 soldados de los Batallones 2º, 8º y 24º del Ejército, organizados por tres generales de división ¡bajo la supervisión del propio Secretario de la Defensa! ocupan las instalaciones del internado y apresan a los dirigentes del movimiento estudiantil. La operación es apoyada, por si no hubiese sido suficiente, por el cuerpo de granaderos y la policía judicial.
Se detienen a dirigentes de la FNET y a integrantes del Comité Central de Huelga. El día 27 de septiembre, 20 judiciales detienen a Nicandro Mendoza y un día después a Mariano Molina, secretario general de la FNET. Los líderes son acusados por el delito de disolución social y enviados a Lecumberri. El internado es clausurado y el Ejército desplegado en todo el Casco de Santo Tomas hasta 1958 cuando llega a la presidencia Adolfo López Mateos.
Es cierto que la toma del internado fue un acto criminal por parte del Estado pero fue realizado con precisión quirúrgica; de no haber actuado como lo hizo, hubiese implicado una batalla a muerte contra los estudiantes, provocando un derramamiento de sangre sin precedentes hasta ese entonces en el movimiento estudiantil. Aún así, Alejo Peralta y el gobierno se veían obligados a tratar de mediatizar éste acto criminal.
Como “pago” a sus crímenes promovieron la construcción de un complejo académico: lo que hoy es Zacatenco y en 1957 aprobarón la segunda Ley Orgánica junto con la actualización a los planes y programas de estudio. En un hecho que parecería contradictorio, las autoridades y el Estado terminaron resolviendo las demandas del pliego petitorio.
Lo que viene a quedar claro también, es que no fue tampoco la falta de presupuesto por lo que se clausuró el internado; en 1958 el presupuesto que recibía el Politécnico era el mismo que el de la Universidad –en parte por la obras en Zacatenco-, presupuesto que triplicaba al de cualquier otra institución educativa del país.
La toma militar del internado fue un hecho político intencionado y no obedecía a otra situación más que al de aplastar la organización estudiantil y exterminar un auténtico foco de subversión. Apresados los dirigentes más resueltos de la FNET el PRI logró infiltrar a sus representantes.
Esta situación traería consecuencias nefastas. La FNET puesta al servicio del Estado actuaría como una organización gansteril.
Todo este proceso se fue consolidando sin que en el IPN se vivieran luchas considerables. La derrota del ´56 tendría efectos negativos en la organización estudiantil. Sin embargo, bajo la superficie se fueron concentrando nuevas contradicciones que se expresarían más de una década más tarden en el año de 1968. Como se aprecia pues, lo estudiantes no viven en ninguna manera en una bola de cristal ajenos a las contradicciones de la vida cotidiana; al contrario, en muchas ocasiones, son las capa de la sociedad que tiene a expresar, en primera instancia, todas la contradicciones acumuladas dentro de la sociedad.
Fecha: 
 12 de abril de 2010


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