miércoles, 9 de septiembre de 2015

Asalto al cuartel de Madera

Se conoce como Asalto al cuartel de Madera, a la primera acción insurrecional de envergadura de la guerrilla contemporánea en México. Esta acción fue la más importante de la organización insurgente Grupo Popular Guerrillero (GPG). Se llevó a cabo en la madrugada del 23 de septiembre de 1965, por una docena de campesinos, estudiantes, maestros y líderes agrarios, que intentaron tomar por asalto el cuartel del Ejército mexicano en Madera, Chihuahua, en las faldas de la Sierra Madre del estado de Chihuahua, al norte de México.

Como resultado de aquel ataque murieron el teniente Marcelino Rigoberto Aguilar; los sargentos Nicolás Estrada Gómez y Moisés Bustillo Orozco; el cabo Felipe Reyna López y los soldados Jorge Velázquez y Virgilio Yáñez Gómez,

además de ocho guerrilleros: Arturo Gámiz García, profesor rural y principal dirigente de la guerrilla; Pablo Gómez Ramírez, médico y profesor de la Escuela Normal Rural "Ricardo Flores Magón" de Saucillo Chih.; Emilio Gámiz García, estudiante y hermano de Arturo; Antonio Scobell, campesino; Oscar Sandoval Salinas, estudiante de la Escuela Normal del estado; Miguel Quiñones Pedroza, profesor rural y egresado de la Escuela Normal Rural "Abraham González" de Salaices, Chih ; Rafael Martínez Valdivia, profesor rural, y Salomón Gaytán, campesino de Dolores, Madera.

 

Se había planeado la participación de aproximadamente cuarenta personas, divididas en 3 grupos, pero sólo uno de ellos entró en acción, de los otros dos, uno de avanzada, se retiró de la ciudad al no encontrar contactos y dar por hecho el desistimiento del ataque; y el otro, portador del armamento más potente no pudo llegar a tiempo porque lo intransitable de los caminos y las crecidas de los ríos, producto del torrencial aguacero que cayó sobre la zona en la víspera, se los impidió. Los trece que decidieron concretar el plan, lo hicieron confiados en que sólo dos pelotones resguardaban el cuartel, pero en realidad eran 125 efectivos.

 

Era aún la madrugada, cuando el grupo de 13 personas liderado por Pablo Gómez y Arturo Gámiz, atacó el destacamento en el que se encontraban 125 soldados, y fue el grupo el primero que disparó sus pocas armas, y quienes gritaban "¡Ríndanse! ¡Están rodeados! ¡Ríndanse!", el grupo disparaba con todo lo que tenía, y se movieron rápidamente para responder al ataque, el primer movimiento de los soldados fue hacia las vías del tren que se encontraban unos metros enfrente del cuartel, ya que de ahí se escuchaban más gritos y se veían más fogonazos. En ese instante, el maquinista del tren (tras el cual se escondía una parte del grupo), comenzó a moverlo con rumbo a Chihuahua y encendió la luz del tren, que permitió a los soldados observar a los guerrilleros y ante ello empezaron a disparar, aunque ahí se produjeron todas las bajas del ejército. También, los guerrilleros cometieron un fuerte error, que detrás de ellos había una explanada de 2 Km de largo antes de internarse en la Sierra, donde sería muy fácil matarlos. El saldo del ataque fue de 6 soldados muertos, 10 heridos, y 8 guerrilleros muertos, entre ellos Arturo.

Los 8 cuerpos fueron recogidos por los soldados y paseados por la ciudad en un camión, como escarmiento. Los familiares los colocaron en unas bolsas negras, para llevarlos a la ciudad de Chihuahua,

 

Los cadáveres son exhibidos en la plaza principal de Madera para atemorizar a quien pretenda enfrentarse al gobierno y al ejército. La gente organiza su velorio y su entierro, pero el cura del lugar Roberto Rodríguez Piña se niega dar los santos óleos porque tilda de comunistas a los bisoños guerrilleros muertos. El general Práxedes Giner Durán, ordena que sean sepultados de inmediato y sin ataúdes en una fosa común: "¡Querían tierra, denles tierra hasta que se harten!"

 

Los soldados, en contraste, recibieron sepultura con honores y funeral militar, y además fueron bendecidos por el cura de la ciudad, Roberto Rodríguez Piña que se negó a hacer lo mismo con los cuerpos de los guerrilleros.

 

El gobernador no podía olvidar el desafío que le lanzaron los guerrilleros meses antes: "Nos gustaría verlo acá en la sierra, al frente de sus tropas, para que se convenza de un par de cosas: es fácil mandar soldados a la muerte; es fácil lanzar insultos a las maestras y a los estudiantes ahí en su oficina, valiéndose del cargo que tiene. Lo difícil es empuñar un arma, introducirse en la sierra y hacernos frente".1

 

La organización política/militar, Liga Comunista 23 de Septiembre, eligió su nombre en honor a los guerrilleros caídos durante este encuentro.

Madera, Chihuahua.

Laura Castellanos (México Armado) narra los hechos con base en documentos y testimonios directos:

"Llegan sigilosos par el sur. Cubiertos por la penumbra que antecede al alba, se deslizan hacia las modestas instalaciones del cuartel militar de Ciudad Madera. Son trece jóvenes que, sin el apoyo de dos grupos que esperaron en vano, echarán a andar su plan: realizar un asalto relámpago para obtener armamento, tomar la población, expropiar el banco local y transmitir un mensaje revolucionario a través de la radioemisora local para internarse de nuevo en la majestuosa sierra chihuahuense. La acción era parte de las tácticas militares recomendadas por el manual Guerra de guerrillas de Ernesto Che Guevara para ejecutar acciones de golpeteo y así incrementar la acumulación de fuerzas del que era el primer foco de insurrección mexicano.

Pero esta acción superaba en riesgo a las anteriores. El grupo de estudiantes normalistas, maestros y campesinos se lanzaba a un ataque suicida que buscaba sorprender a ciento veinte militares. Estaban decididos: ese 23 de septiembre de 1965 irrumpirían en el cuartel de la población rural de Madera, municipio del mismo nombre, al suroeste de Chihuahua, poniendo enjuego sus propias vidas.

Cautelosos toman posiciones. Uno de ellos se queda en el camión, en la retaguardia, mientras los demás se reparten en los cuatro puntos cardinales. AI de menor edad lo colocan en el sitio mas lejano y seguro; cuatro se ubican en la Casa Redonda, donde había una oficina de la compañía maderera Bosques de Chihuahua; cuatro más son apostados en las afueras de la iglesia y la escuela mientras los tres restantes se acomodan en el terraplén de la vía de ferrocarril. De frente, a unos treinta metros, estos últimos tienen las barracas castrenses. A sus espaldas, una llanura de más de dos kilómetros los separa de la sierra devastada por Bosques de Chihuahua.

La tropa se alista para el desayuno. Alas 5:45 de la mañana un grupo de militares salen formados de la barraca principal y cruzan la pequeña explanada. De pronto, de un momento a otro, en medio de la negrura que aún no se levanta, truena la balacera. Desconcertados, los soldados se lanzan pecho a tierra al tiempo que oyen gritar: ¡Ríndanse! ¡Están rodeados! ¡Ríndanse!

 

Los uniformados del interior de la barraca salen presurosos con las armas en la mano. Disparan a diestra y siniestra y los que están echados al piso rápidamente se incorporan al contraataque. Los minutos se precipitan y el sol muestra lentamente su amenaza. Las siluetas comienzan a hacerse visibles. Urge la retirada. El grupo guerrillero intenta resistir con desesperación. Arroja sus bombas de fabricación casera y granadas; dispara sus rifles calibre 22, escopetas 30-06, fusiles de siete milímetros. El tiroteo se prolonga por hora y media.

Cuando deciden replegarse ya no les es posible. El tronido de las descargas ahoga la orden de retirada. Otro grupo de soldados les tiende un cerco por detrás de la vía. Sólo Guadalupe Escobel, Florencio Lugo, Ramón Mendoza, Francisco Ornelas y Matías Fernández logran huir. El paso intempestivo del tren anuncia el fin de la tragedia de los ocho guerrilleros que no logran salir de ahí. Uno a uno sus cuerpos caen sin vida en la tierra seca. Cesa el tiroteo. Los primeros rayos del sol tocan apenas los cadáveres aun tibios entre el reguero de casquillos.

Los militares acomodan uno allado del otro a los insurrectos muertos: Pablo Gómez Ramírez, medico y profesor normalista, dirigente dl PPS y de la UGOCM; Miguel Quiñónez Pedroza, director de la Escuela Rural Federal de Ariseachic; Rafael Martínez Valdivia, profesor normalista; Oscar Sandoval Salinas, estudiante normalista; Salomón Gaytan Aguirre y Antonio Escobel, campesinos; Emilio Gámiz Garda, estudiante, y su hermano Arturo, maestro rural, cuyo rostro queda despedazado. Solo Pablo rebasaba los treinta años, los demás eran menores de veinticinco."

Sin experiencia guerrillera, ni conocimiento preciso del terreno ni de la capacidad de fuego de los militares y sin contar con refuerzos la acción fracasa. Como resultado del enfrentamiento, de los 125 soldados que había en el cuartel murieron los sargentos Nicolás Estrada Gómez y Moisés Bustillos Orozco, el cabo Felipe Reyna López y los soldados Jorge Velázquez y Virgilio Yánez Gómez.

Los cadáveres son exhibidos en la plaza principal de Madera para atemorizar a quien pretenda enfrentarse al gobierno y al ejército. La gente organiza su velorio y su entierro, pero el cura del lugar Roberto Rodríguez Piña se niega dar los santos óleos porque tilda de comunistas a los bisoños guerrilleros muertos. El general Práxedes Giner Durán, ordena que sean sepultados de inmediato y sin ataúdes en una fosa común: "¡Querían tierra, denles tierra hasta que se harten!"

Según Florencio Lugo, guerrillero sobreviviente, el ataque fracasó porque no tuvieron a su favor el factor sorpresa y no pudieron estallar el depósito de gasolina que incendiaría el cuartel, ya que fueron traicionados por el mismo militar que los entrenó para el ataque: el capitán retirado Lorenzo Cárdenas Barajas.

La acción contraguerrillera se extenderá por todo Chihuahua y en los diarios nacionales. El ejército se movilizará por toda la ciudad de Madera y la sierra. En la prensa, Giner Durán minimizará los hechos ("podrían haber sucedido en un baile o en una cantina") y los etiquetará de "locos mal aconsejados"; Jesús Reyes Heroles declarará que el comportamiento de los atacantes corresponde a "drogadictos ideológicos" y Roberto Blanco Moheno los tachará de "agitadores de poca monta." Sólo se alzará la voz de Víctor Rico Galán que en la revista "Sucesos", cuestiona la mención honorífica otorgada a los soldados de Ciudad Madera por su bizarro comportamiento:

"EI "bizarro comportamiento" que el secretario de la Defensa se sintió en el caso de elogiar consistió en apresar, maltratar y vejar a decenas de campesinos de Madera y la zona aledaña; consistió en pasear por todo el pueblo, en un camión de redilas y a la intemperie, los cadáveres de los sublevados; consistió en impedir que los familiares, que ya tenían los cuerpos en bolsas de lona para darles sepultura en Chihuahua, se los llevaran; consistió en arrojar los cadáveres a la fosa común; consistió en quitar el pañuelo que el periodista Pedro Muñoz Rocha puso sobre el rostro del doctor Pablo Gómez; consistió en obligar a los parientes a presenciar los honores rendidos a los soldados, rodeándolos de asesinos a sueldo de los caciques de la región."

El PPS se deslindará de los hechos y pedirá actuar con fuerza y decisión para restaurar el orden en la zona y una posición similar sostendrá la UGOCEM, que ya había roto su relación con aquel partido.

El presidente Díaz Ordaz por un lado, mandará tropas apoyadas por la aviación para cercar a los sobrevivientes: por el otro, ordenará el auxilio inmediato a las familias  de la región mediante despensas CONASUPO; creará como una nueva unidad especializada en la lucha antiguerrillera y antisubversiva a la Dirección Federal de Seguridad (DFS) dirigida por el capitán Fernando Gutiérrez Barrios; y expresará en su siguiente informe: "nos decepcionaría una juventud conformista o resignada, pero México tampoco quiere una juventud que abrace con incauta pasión todas las causas o que se deje tomar como instrumento dócil al servicio de intereses bastardos o como caja de resonancia de estériles desahogos. "

 

Película[editar]

Los hechos ocurridos en Madera fueron llevados al cine en 2013, con la película Las Armas, escrita y dirigida por José Luis Urquieta, basada en la novela de Carlos Montemayor, Las armas del alba.

 

Bibliografía[editar]

Sierra Guzmán, José Luis. El enemigo interno. Contrainsurgencia y fuerzas armadas en México. México, D. F.: Editorial Plaza y Valdés. 2003.

Montemayor, Carlos, Las armas del alba, Ed. Joaquín Mortiz, México, 2003.

Reyes Peláez, Juan Fernando Introducción a la historia de la guerrilla en México. 1943-83, Editorial Lulu, 2005.

Rangel Hernández, Lucio. La Liga Comunista 23 de Septiembre 1973 - 1981. Historia de la Organización y sus Militantes (Tesis de Doctorado, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Instituto de Investigaciones Históricas, 2011), 56 – 57

https://es.wikipedia.org/wiki/Asalto_al_cuartel_de_Madera

 

Un grupo de trece personas, dirigido por el profesor rural Arturo Gámiz García e integrado por maestros, estudiantes y líderes campesinos –cansados de los abusos, explotación, agravios y despojos de los caciques, ganaderos y compañías madereras y algodoneras cobijados por Práxedes Giner Durán, gobernador, general y rico terrateniente-, atacan el cuartel militar de Ciudad

 

El dirigente del grupo guerrillero, Arturo Gámiz García, fue un joven profesor normalista dirigente de la Unión General de Obreros y Campesinos de México UGOCM, que promovió la resistencia popular en el poblado de Cebadilla de Dolores, municipio de Madera, sistemáticamente saqueado por las compañías mineras estadounidenses. Participó en el Movimiento de Liberación Nacional, y ante la desintegración del mismo, convocó al Primer Encuentro en la Sierra Heraclio Bernal en Dolores en octubre de 1963, para encontrar nuevas formas de lucha y  promover la toma de tierras de los latifundistas por los campesinos, como lo venía haciendo la UGOCM en otras partes de la República. El gobierno del Estado aprehendió a Gámiz y a otros participantes.

 

En respuesta, Salomón Gaytán y sus seguidores iniciaron acciones violentas: volaron los puentes de la familia Ibarra y ajusticiaron a Florentino Ibarra. Al ser liberado Gámiz se unió al autodenominado Grupo Popular Guerrillero y así continuaron acciones tales como dinamitar la estación de radio de los terratenientes y asaltos a funcionarios y policías. En los primeros meses de 1965 se les sumó Pablo Gómez.

 

A principios de este año también, el grupo organizó en Torreón, el II Encuentro de la Sierra de Chihuahua "Ignacio Bernal", entre cuyas resoluciones se concluía que el único camino era la lucha armada contra el sistema para establecer el socialismo: "Estamos convencidos de que ha llegado la hora de hablarles a los poderosos en el único lenguaje que entienden; llegó la hora de que las vanguardias más audaces empuñen el fusil porque es lo único que respetan y escuchan; llegó la hora de ver si en sus cabezas respetaban las bala, ya que razones nunca les entraron; llegó la hora de apoyarnos en el 30-30 y en el 30-06, más que en el Código Agrario y la Constitución...Vencer o morir".

 

Al cacique Emilio Rascón lo enjuiciaron y le obligaron a donar seiscientos pesos para la escuela; a Roberto Jiménez le incendiaron su fábrica de licor por haber violado a una joven, repartieron la producción entre los obreros y destruyeron la lista de sus deudores.

 

El 23 de mayo pasado, en ausencia del profesor Arturo Gámiz García, el grupo sorprendió a varios soldados de la 5ª. Zona Militar, cerca del rancho Las Águilas, que se encontraban patrullando la comarca, en Las Moras, municipio de Madera, Chihuahua. Los atacantes hirieron a tres soldados y tomaron las armas y el radio transmisor del pelotón, se internaron en la sierra de Chihuahua y dado el éxito del ataque, planearon realizar el asalto al cuartel hoy.

 

Quince días antes del ataque, los guerrilleros publicaron el siguiente desplegado dirigido al gobernador en el diario local "Índice":

"Nos hemos levantado en armas para hacer frente a los cacicazgos, como el de José Ibarra y Tomas Vega, una vez que agotamos los medios legales sin fruto alguno, una vez que nuestros esfuerzos fracasaron en virtud del apoyo incondicional que el gobierno del estado proporciona a los caciques que por décadas se han dedicado impunemente a explotar como bestias a los campesinos, a humillarlos, a asesinarlos, a quemarles sus ranchos, robarles su ganado y violar sus mujeres.

 

Hemos declarado varias veces que estamos dispuestos a dejar las armas a condición de que se someta al orden y a la ley a los caciques, como Ibarra, y se repartan las tierras que mediante despojos y asesinatos han acaparado. La respuesta suya ha sido enviar más de dos mil soldados a liquidarnos y armar bandas de conocidos asesinos que nos persiguen con saña.

 

Hemos dicho y lo repetimos: no queremos matar soldados, nada tenemos contra ellos siempre y cuando respeten a las familias. Los consideramos de clase pobre y explotada que están al servicio únicamente por necesidad, teniendo que soportar el despotismo y los abusos de sus superiores. Nuestra lucha no va dirigida contra el ejército sino contra los caciques [...].

 

Usted con sus torpezas y sus caprichos ha agravado todos los males del estado, le hemos pedido que reconozca su incapacidad y renuncie y salga del estado que tan mal ha servido. Se lo repetimos ahora: renuncie y váyase del estado o lo sacaremos a la fuerza cueste lo que cueste y corra la sangre que corra.

Sierra de Chihuahua,

Arturo Gámiz y Salomón Gaytán."

 

El 3 de abril de 1966, los guerrilleros sobrevivientes del ataque al cuartel de Ciudad Madera, dirigidos por Óscar González Eguiarte, organizarán el Movimiento 23 de Septiembre y antes de ser reprimidos por las fuerzas federales provocarán un descarrilamiento del Ferrocarril Chihuahua-Pacífico en Drake, a 70 kilómetros de Ciudad Madera, en la frontera con Estados Unidos. Sobre las vías destruidas pondrán una manta con la siguiente leyenda: "Al pueblo de México: Defiende tus derechos, ya no soportes más injusticias, como son los asesinatos cometidos por órdenes de caciques y latifundistas y explotaciones por las grandes empresas que sirven al imperialismo. ¡Abajo el cacicazgo! ¡Viva la libertad!"

 

Concluye Fritz Glockner (Memoria Roja): "El ataque al cuartel de ciudad Madera, se convertirá en símbolo de la lucha guerrillera en México, pues su acción marcará el inicio de las guerrillas modernas en el país...sin lugar a dudas, se está ante el nacimiento del primer grupo guerrillero en México, el cual pretende justificar desde una reflexión teórica y el análisis puntual de la realidad las razones de su lucha armada, dejando atrás la simple indignación localista provocada por las injusticias de los campesinos de la zona. Ahora se trata de crear un foco revolucionario que promueva los cambios estructurales dentro del país entero; aun cuando las gestas de Jaramillo ya se habían suscitado y, de igual manera, se contaba con su Plan de Cerro Prieto, los alcances en el estado de Chihuahua pretendían irradiar más horizontes en comparación con el proyecto campesino del estado de Morelos."

Años más tarde, en 1973, la Liga Comunista 23 de Septiembre recordará con su nombre a estos jóvenes guerrilleros que pretendieron ingenuamente iniciar una revolución socialista para salvar a México de la miseria y la injusticia.

 

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

 

 

 

 

 

 

Aclaración del Profr. Manuel Vicente Guzmán Enríquez, Cronista del Municipio de Madera, Chih.: Los edificios que aparecen en llamas en las fotografías no fueron quemados durante el ataque, sino meses después.

 

 

las razones, las consecuencias, los aciertos, las fallas y las concepciones, no sólo de los "maderianos", sino de toda la izquierda mexicana y su actuación en la vida política del país a lo largo de ya casi medio siglo después del "Asalto al Cuartel Madera".

 

Mujeres de Madera

Alma Gómez Caballero1

1.- Intervención en el Panel México en el Siglo XXI a 40 años del asalto al cuartel de Madera el 23 de septiembre de 1965, organizado por el Comité Primeros Vientos con motivo del Cuarenta Aniversario, en el Paraninfo de la UACH.

Comité Primeros Vientos

Durante los últimos cuarenta años hemos hablado con orgullo de nuestros muertos, los hemos calificado como revolucionarios, la escala máxima de la especie humana; mantenido vivo su recuerdo, pregonado las motivaciones y justeza de su lucha, el análisis de su pensamiento a la luz de la teoría revolucionaria, su ubicación en el contexto mundial y latinoamericano, la trascendencia de su lucha en el México actual, el legado histórico que dejaron, su inserción en la modernidad a través del Internet, etc.

Hemos celebrado a los sobrevivientes, reconocido a los actores de la etapa que precedió al ataque, a los que han escrito, pintado y cantado la gesta, pero las mujeres somos invisibles en esta historia.

Doña Herculana Adame no es solo la madre abnegada y amorosa de Matías3. Es la mujer conciente que le grita a su hijo preso por participar en las invasiones de tierra ¡hijo, primero muerto que dejar de ser hombre¡ Es la mujer que con lenguaje claro, profundo y vehemente hablaba en aquel mitin en Saucillo4 en 1964, explicando como l@s campesin@s producían riqueza con su trabajo en la tierras de los latifundistas, mientras estos se coluden con autoridades, policía e iglesia para mantener su poder contra los más pobres. En ese mitin las estudiantes de la Normal Rural para mujeres, Ricardo Flores Magón, fuimos agredidas con huevos, palos, víboras y gases, por una turba de jóvenes envenenados por el clero y los caciques.

Las y los estudiantes de las normales rural de Salaices, Saucillo y del Estado participábamos en las invasiones de tierra al lado de los campesinos y en las protestas contra la intolerancia, rigidez, autoritarismo y represión de los gobiernos, sistemas educativos y medios de comunicación. Nos solidarizábamos con la Revolución Cubana que sufría los embates de EU. También exigíamos: plazas para maestr@s, becas, internados, seguridad social para l@s maestra@s estatales y democracia sindical.

¿Quien habla de Doña Albertina Gaytán Aguirre? mujer campesina que no solo es la madre de Antonio y Lupito Scobel, uno muerto en Madera y el otro fusilado por el ejército en Tezopaco, Sonora en 1968, sino que además acompañó la lucha de los pobladores de Cebadilla de Dolores, del Municipio de Madera por la tierra, la democracia y la dignidad, junto con Doña Aurelia Aguirre Ramos madre de Salomón y Juan Antonio5.

En esos años los pobladores de la sierra de Chihuahua sufrían condiciones de vida parecidas al porfiriato: autoridades eternas, como el Presidente Seccional de Cebadilla que tenía 18 años en el cargo; despojo de las tierras a los rancheros y quema de sus ranchos y cosechas; represión: azotes, robos, asesinatos; prisión a los rancheros y campesinos solicitantes de tierras y violación a las mujeres.

Doña Elodia García madre de Arturo y Emilio6, que no quiso identificar el cadáver de Arturo para que siguiera cabalgando y ganando batallas como el CID, después de muerto. Doña Elodia buscó junto con otras madres, a Jacobo, su otro hijo, desaparecido en 1974 y acompañó en el exilio a Lolita y Amalia sus hijas presas por participar en la guerrilla de los setentas.

Doña Loreto Ramírez Uranga, mi abuela, mujer humilde, campesina analfabeta que se vanagloriaba de que su hijo Pablo7 murió luchando por lo que creía.

Doña Consuelo Salinas Domínguez, que en silencio, con entereza y orgullo sobrellevó la muerte de Oscar8, posteriormente la lesión de Héctor en la agresión de los rurales a una manifestación, mejor conocida como la Batalla del Chuvíscar9, que a decir de la gente fue la única que ganó Giner10 en su vida de general. Por si fuera poco la muerte accidental de Jaime, que empezaba a destacar en la lucha política. Doña Consuelo tuvo oportunidad de irse del país, buscar la seguridad para su familia y decidieron quedarse en México, le apostaron a la educación, que en esos años significaba participación política y represión.

Doña Carmen Torres Olivas mujer templada que le daba a Ramón11 una gran fuerza moral, le decía que no cambiara sus convicciones y que luchara por ellas a costa de lo que fuera.

Quien conoció a Doña Refugio Pedroza Reyes madre de Miguel12 sabe que las cualidades que lo distinguieron: amor al conocimiento, humildad, dedicación, cultura, modestia, responsabilidad, son fruto de su ejemplo.

Doña Celestina Hernández, madre de Florencio Lugo, sobreviviente herido del asalto, que en silencio, orgullosa, sufrió posteriormente la clandestinidad y prisión de su hijo en Lecumberri y Santa Martha Acatitla.

Que difícil decisión tomo mi padre para dejar a su esposa, sus cinco hijos, su profesión y tomar las armas. Yo misma me he preguntado las razones. Fue la fuerza de sus convicciones y el deseo de dejarnos un mundo mejor, pero además su decisión estuvo fundada en la certeza de que tenía por esposa a una mujer inteligente, valiente y rebelde, en quien podía dejar no solo la responsabilidad de nuestro futuro, sino la continuidad de su lucha.

Y así fue, Doña Alma Caballero Talamantes13, cumplió no solo como madre, sino que alentó y apoyó nuestra autonomía y participación política; resistió con entereza su secuestro en manos de la Brigada Blanca; luchó por mi libertad en los años que permanecí en Santa Martha Acatitla por pertenecer al Movimiento de Acción Revolucionaria; fundó escuelas en colonias proletarias, la Francisco Villa y la Salvador Allende; fue maestra disidente y sigue pendiente de lo que acontece en el país para seguir luchando.

El movimiento campesino, estudiantil y magisterial de los años sesentas tuvo en sus filas a decenas de mujeres que participaron libre y concientemente en la toma de decisiones, en los encuentros, las marchas, las protestas, las invasiones. Mujeres organizadoras, mensajeras, dirigentes, proveedoras. Algunas encarceladas, pero todas dejamos constancia de nuestro derecho a ser agentes de la historia: Glicelba Morales, Estela Salado, Mélida y Carmen Terrazas, Guadalupe Jacott, Clara Elena Gutiérrez, Silvina Rodríguez, Rosalba y Nereida Abarca, Lucila Ochoa, Trinidad Erives, Amparo Osollo, Lucina Alvarado, Socorro Olivas, Marcia Moreno, Manuelita Elias, Maria Elena Jara, Francisca y Margarita Urías, Irma Campos, Dolores Carrasco, Gloria Juárez, Martha Cecilia Ornelas y tantas mas.

Doña Refugio Carrasco, que durante la vida que compartió con Raúl Gómez Ramírez14, fue un auténtico refugio para l@s luchador@s, en su casa siempre hubo un plato de comida lo mismo para sus sobrin@s e hij@s, que para campesinos, dirigentes, maestr@s y guerriller@s.

Judith Reyes que escribió con su participación la historia y también la cantó. Militante de las luchas agrarias en Chihuahua y del Frente Electoral el Pueblo. Compositora y cantante a través del corrido como manifestación artística contra la opresión.

Belem Millán que en abril de 1965 en Zaragoza, en viernes santo, enfrentó con su esposo Secundino López e hijos a un grupo de ricos y autoridades, armados hasta los dientes que dinamitaron y quemaron su casa para presionarlos a que dejaran la tierra que desde años atrás cultivaban. Belem, o la tía, como le decíamos cariñosamente los clandestinos de las organizaciones armadas de los años setentas en cuya casa encontramos siempre un lugar donde dormir y un plato de comida en la mesa.

Estela Quiñones, Evangelina Prieto, Rosa Ornelas, Alma Caballero y yo, que rodeadas y encañonadas por los soldados, en noviembre de 1965 limpiamos y pusimos flores en la tumba de los guerrilleros.

Después del 65 las historias de lucha y rebeldía continuaron y ahí estuvieron otras mujeres: Gloria Ponce15, Laurita Saldívar16, Alicia Merino17, todas Doñas, Doñas vestidas de dignidad, madres del nuevo amanecer.

Queda como paradoja que Giner, si nos vió, cuando expresó "Para que quieren internados las estudiantes, si les gusta irse a dormir al campo con los campesinos" y en referencia a las maestras que luchaban por mejores condiciones de vida y de trabajo "Las maestras nos piden permiso con goce de sueldo a cada rato, para tener sus hijos... legítimos o ilegítimos, que de los dos les gusta tener..."

Es tiempo de reexaminar este proceso de la historia desde el punto de vista de las mujeres y su participación y hacer como las feministas parisinas que en 1970 llegaron en procesión ante el Arco del triunfo para depositar una ofrenda floral "a la mujer del soldado desconocido", reconociendo que cuando los hombres se van a las trincheras se abren para las mujeres espacios de libertad y responsabilidad, que hemos llenado cumplidamente.

A cuarenta años del asalto al cuartel militar, es tiempo de recuperar las historias de las mujeres que dejaron sus tradicionales espacios y tareas para construir otro futuro.

Madres que alimentaron y militaron;

esposas que amaron y organizaron,

hermanas que protegieron y protestaron,

compañeras que lloraron y agitaron.

 

Es tiempo de las Mujeres de Madera.

 

Chihuahua, Chih a 21 de septiembre de 2005

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