sábado, 23 de julio de 2011

Los exdirigentes estudiantiles desmenuzan las implicaciones de “Parte de guerra”

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Los exdirigentes estudiantiles desmenuzan las implicaciones de “Parte de guerra”

Los exdirigentes estudiantiles desmenuzan las implicaciones de “Parte de guerra”
Al general Gutiérrez Oropeza y a todos los conjurados del 68 espera un juicio en México o en el extranjero
José Alberto Castro
Los documentos dados a conocer en el libro Parte de guerra, de Julio Scherer y Carlos Monsiváis, colocan directamente en el banquillo de los acusados al general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial de Gustavo Díaz Ordaz, y a Fernando Gutiérrez Barrios, director de la Federal de Seguridad en 1968, de acuerdo con un mandato judicial 
Aunque la ratificación de esa resolución está en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el expediente que los implica y que incluye los documentos de Parte de guerra ya fue entregado a la relatora especial para Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias de la ONU, Asma Jahangir Y si las autoridades mexicanas no proceden en consecuencia, el caso de los militares acusados —así como de varios políticos hasta hoy intocados tras la matanza de 1968— será llevado a los tribunales internacionales para someterlos a un proceso parecido al que vive el exdictador chileno Augusto Pinochet
Para los miembros del Comité 1968-1998, exlíderes del movimiento estudiantil, los documentos oficiales y testimoniales de Marcelino García Barragán —en aquel tiempo secretario de la Defensa Nacional—, compendiados en Parte de guerra, además de agregar “documentación inédita y de un valor indudable”, señalan a “Gutiérrez Oropeza como el autor de acciones criminales en Tlatelolco” Gutiérrez Barrios, a su vez, “de quien se dice actuó en complicidad, es un virtual testigo clave de los hechos”
El litigio
En entrevista con Proceso, Raúl Álvarez Garín, miembro del Consejo Nacional de Huelga por el Politécnico en 1968 y actual candidato a la dirigencia nacional del Partido de la Revolución Democrática, manifestó:
“Los documentos de García Barragán sacados a luz pública, además de su valor histórico e intrínseco, representan evidencias, y deben ser considerados en el litigio judicial que emprendimos algunos miembros de la generación del 68″
Dijo que “la bomba documental” contenida en Parte de guerra es una prueba fehaciente de la existencia de una conspiración o de un plan previo al genocidio de la Plaza de las Tres Culturas Para él, hoy más que nunca, se fortalece la oportunidad de obtener el testimonio ante el Ministerio Público de protagonistas axiales de la represión oficial contra el movimiento estudiantil del 68
En abril último resurgió la posibilidad de investigar lo sucedido hace 31 años, cuando el Juzgado Primero de Distrito en Materia Penal consideró “incongruente” la negativa con que la Procuraduría General de la República respondió a la solicitud presentada por siete integrantes del Consejo General de Huelga (CGH) de 1968, encabezados por Álvarez Garín
Por ello, ordenó a la Procuraduría cumplir con lo dispuesto en el artículo 21 constitucional —que la obliga a investigar y perseguir de oficio los delitos— o en su defecto fundamentar y motivar bien su rechazo, pues sin las pruebas correspondientes tipificó los hechos y se adelantó a establecer un plazo de 30 años como la media aritmética en que procede la prescripción
Inconforme, la Procuraduría pidió la revisión de la resolución judicial y ahora el desenlace está a cargo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la cual —en fecha no precisa aún— deberá emitir su fallo
En su sentencia del 29 de abril, el juez Miguel Ángel Aguilar López otorgó el amparo a Raúl Álvarez Garín, Roberto Escudero, Félix Lucio Hernández Gamundi, César Tirado, Gilberto Piñeiro Guzmán, Roberto Vázquez Camarena y Javier Ramos Rodríguez, quienes con motivo del 30 aniversario de la matanza, el 2 de octubre de 1998, solicitaron la investigación ministerial de los hechos
El asunto se ventiló mediante el amparo 898/98 en que figuran como presuntos responsables Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, Marcelino García Barragán, Luis Gutiérrez Oropeza, Alfonso Corona del Rosal, Julio Sánchez Vargas, Gilberto Suárez Torres, Luis Cueto Ramírez, Crisóforo Mazón Pineda, José Hernández Toledo, Ernesto Gómez, Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro, principalmente
Los miembros del Comité 68 siguen en espera de la resolución definitiva, que se encuentra en manos de la ministro Olga Sánchez Cordero
Ahora Álvarez Garín explica que las revelaciones de Parte de guerra refuerzan su acusación contra Gutiérrez Oropeza y Gutiérrez Barrios, y que la entrega del expediente completo de lo sucedido en 1968 a la relatora especial de Naciones Unidas constituye el primer paso —de continuar la renuencia del gobierno mexicano a abrir los archivos e investigar los acontecimientos— para elevar el caso hasta los tribunales internacionales
En referencia al libro de Scherer y Monsiváis, Álvarez Garín comentó:
“La grave revelación es la incriminación directa, testimonial y no documental, de oficiales del Estado Mayor Presidencial que ocuparon departamentos de Tlatelolco para disparar contra los estudiantes y miembros del Ejército”
Considera que el propio García Barragán se exhibe como víctima de las maniobras de Gutiérrez Oropeza, cuando en realidad fue cómplice al mantener en secreto durante más de 30 años “los abusos de autoridad de ese miembro del cuerpo castrense”
Los documentos difundidos, aclara, “no exoneran de responsabilidad criminal a algunos de los personajes involucrados en los sangrientos sucesos”, pues en el libro se incluye sólo la documentación que García Barragán seleccionó, y continúan ocultos documentos esenciales
Pregunta:
“¿Dónde están los documentos relacionados con la integración del Batallón Olimpia? ¿Dónde están las bitácoras y las órdenes que recibieron los pilotos y ocupantes de los helicópteros? Además, no se incluyen informes previos de los servicios de inteligencia”
En cambio, García Barragán “sí se atribuye la autoría de la maniobra para lograr la detención de los miembros del Consejo Nacional de Huelga y se ufana de que él urdió el plan para ocupar distintos departamentos de Tlatelolco, pero luego se muestra sorprendido por la iniciativa de Gutiérrez Oropeza”
Sobre la posibilidad de que en los archivos de la Secretaría de la Defensa y de otros organismos relacionados con la seguridad del Estado pudieran localizarse documentos sustanciales, considera que “es un problema arduo, pues se sabe que hay carencias de información No obstante, pienso que en ciertos espacios, en algunos archivos podemos obtener la información relevante, la correspondiente a las órdenes, la línea de mando, la decisión, planeación, ejecución, y novedades de los sucesos Tal información tendría que complementarse con los testimonios de los participantes Ahora mismo se podría interrogar a miembros del Batallón Olimpia para saber de forma pormenorizada cómo recibieron las órdenes Y así encontraremos las razones de que un batallón del Ejército vistiera ropa de civil el 2 de octubre, hecho que representa un delito grave e implica a los altos mandos del Ejército, quienes al aceptar la ejecución del plan violaron la Constitución
“Parte de guerra confirma que hay una predisposición del Ejército a actuar en acciones represivas ilegales a lo largo del conflicto estudiantil de 1968 La única condición radicaba en que fueran órdenes superiores Esto generó confusión, pues los aparatos de seguridad actuaban en varios sentidos La lección que se puede obtener es que uno de los reclamos de un México democrático implicaría desaparecer el Estado Mayor Presidencial y organismos castrenses como las Guardias Presidenciales”
Paranoia anticomunista
Raúl Jardón, delegado al CNH por la Preparatoria 2 de la UNAM, autor de 1968 / El fuego de la esperanza, y militante del Frente Zapatista de Liberación Nacional, comenta:
“Lo que quiso hacer el exsecretario de la Defensa al recopilar los documentos que hoy son base del libro de Scherer y Monsiváis, fue autoexonerarse y exonerar a las tropas a su mando de la responsabilidad de lo ocurrido en Tlatelolco y en los ataques terroristas anteriores y posteriores
“También muestran esos documentos la histeria y paranoia anticomunista que privaba en las cúpula militares y políticas Aunque García Barragán pretendía atribuir sólo a Luis Echeverría el pecado de actuar movido por la información ‘falseada y exagerada’, en todos sus documentos muestra que el gobierno y el Ejército creían estar enfrentando una situación casi de guerra interna que, según insinúa el general, estuvo a punto de desembocar en la suspensión de las garantías constitucionales”
Jardón observó un detalle significativo:
“García Barragán dice, en la transcripción de la conversación que sostuvo con el general Lázaro Cárdenas, que dio órdenes de aprehender a Sócrates Campos Lemus cuando estuviera ante el micrófono Lo curioso es que Sócrates no estaba programado para hablar en el mitin del 2 de octubre y tomó el micrófono a la fuerza ¿Sabía García Barragán que ello iba a ocurrir?”
Nuevas líneas de investigación
Los exdirigentes estudiantiles Marcelino Perelló y Joel Ortega Juárez, luego de examinar los documentos y confidencias del general Marcelino García Barragán, en entrevistas por separado, coinciden en afirmar que el libro “desata y abre interrogantes”, e “indica líneas de investigación” Es, dicen, una inesperada pieza de un complicado rompecabezas; un volumen donde hay más preguntas que respuestas, pues aporta algunas luces pero también hace surgir nuevas sombras
Perelló y Ortega advierten que Parte de guerra no es un libro cerrado; estiman que los editores han exagerado y es “muy pretensiosa la advertencia de que ya se aclaró el 68″, pero reconocen que “ayuda a comprender lo que sucedió”
El más controvertido de los miembros del llamado Consejo Nacional de Huelga, Perelló, subraya que “no se vale que algunos exdirigentes estudiantiles muestren su desdén frente al libro, porque les da igual que los responsables de la masacre sean el Estado Mayor Presidencial o el Ejército Para ellos la represión provino y es responsabilidad del Estado Esto me parece muy simplista”
El libro es “un testimonio esclarecedor, que sólo se puede validar con los métodos de la historia, contrastándolos con otros testimonios, fuentes y pruebas De ahí me parece que en él hay más preguntas que respuestas”
El exdelegado al CNH por la Facultad de Ciencias de la UNAM señala que la circulación de esa obra actualiza “la exigencia de rendir cuentas” a protagonistas vivos y activos en la política represiva del 68, y atrae a la mente la siguiente pregunta: “¿Por qué aparece hoy? ¿Es casual o se inscribe dentro del actual conflicto estudiantil?”
A su juicio, las afirmaciones de García Barragán tienen repercusiones en el México de 1968 y en el de 1999 De ahí que no sepa a qué obedece el silencio de una buena parte de los participantes en el movimiento estudiantil
También recalca:
“Una de las conclusiones de Parte de guerra podría ser que además de la represión, durante el 2 de octubre se dio una provocación, porque la represión tiene por objeto acabar con el desorden; en cambio, la provocación tiene por objeto aumentar el desorden ¿A quién de los hombres prominentes del Estado le interesaba armar un desmadre?”
No está de acuerdo con quienes dicen que Parte de guerra exculpa al expresidente Luis Echeverría, al enfocar la responsabilidad de Díaz Ordaz y Gutiérrez Oropeza, y asevera:
“Esa es una lectura ingenua, candorosa, porque en situaciones críticas los lazos con instituciones se rompen y las obediencias son cruzadas Aquí hay juegos de intereses, y muchas cosas no cuadran El móvil del 2 de octubre no está claro: ¿para qué detener a los miembros del CNH? ¿Cuál sería el móvil de Gutiérrez Oropeza para ordenar el fuego contra las tropas y los estudiantes? ¿Quién se lo ordenó?”
A su vez, Ortega, quien en 1975, durante la visita de Luis Echeverría a Ciudad Universitaria, lo interpeló con un discurso que encendió la cólera del mandatario, hoy rememora que en ese entonces quedó desprestigiado el Ejército; por lo tanto, las aspiraciones del general Alfonso Corona del Rosal cayeron por tierra y quien permaneció intocado fue Echeverría
Perelló estima que las declaraciones de García Barragán no son suficientes, y recuerda:
“En aquellos días se habló del rompimiento en el aparato del Estado; hacia el 30 julio, cuando la toma de San Ildefonso, uno de los rumores que andaban por ahí estableció que las relaciones entre García Barragán y Díaz Ordaz no iban bien ¿Había dejado de ser (el secretario de la Defensa) el hombre de confianza (del presidente)?”
De las páginas de Parte de guerra, Perelló deduce:
“Se fortalece la versión de que en los círculos gubernamentales se había montado una conspiración para reprimir el movimiento y, al mismo tiempo, favorecer intereses ajenos a los estudiantes y muy próximos al poder Las declaraciones de García Barragán abren un camino a la reflexión y confirman un rompimiento profundo dentro del aparato estatal”
Propone Perelló pasar las confidencias de García Barragán por el agua regia de otros testimonios, y concluye que la vocación represiva del militar era indiscutible
Al contrario, dice que en su memoria no se ha alterado la imagen del rector Javier Barros Sierra, a quien considera “un hombre bien intencionado”, y admite: “Sí era un hombre político, el más político de los rectores de la UNAM: llegó a ser rector después de la caída de Chávez Sin duda, jugó de manera política; pero resulta sorprendente el que se le asocie con Echeverría, al punto como lo presenta García Barragán Además, la iniciativa de la marcha del 1 de agosto no es de Rectoría, sino del CNH En ese momento nos estábamos organizando, y fue cuando se le invitó a la manifestación”
Desagravio al rector
Al igual que Perelló, Ortega no da crédito a las declaraciones de García Barragán sobre Barros Sierra, a quien conoció en 1966, cuando se produjo un conflicto en la Escuela de Economía
“Barros Sierra fue director del Instituto Mexicano del Petróleo —no venía del limbo—; fue secretario de Obras Públicas, alto accionista de ICA, un hombre del poder Lo digo no en desdoro de él, porque su actuación durante el 68 fue la primera fisura del sistema, y tal ruptura entre una persona de la altura de Barros Sierra con el régimen fue tan importante o mayor que la ruptura de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en 1987 Barros Sierra protagonizó la primera gran fractura del régimen presidencialista, no acató la voluntad del primer mandatario Esto explica por qué el movimiento alcanzó una dimensión insospechada; él fue un aliado importante no sólo por ser el rector, sino porque era un personaje del sistema que se colocó del lado de los estudiantes”
La conjura
Ortega está convencido de que el 68 provocó una serie de pugnas y conflictos fuera y dentro del aparato estatal, y asevera: “Eso explica la conducta errática del gobierno frente a jóvenes que sucumbían por la asfixia de un régimen autoritario”
Una lectura atenta de Parte de guerra, continúa, obliga a ir más allá de “una oposición maniquea” entre la administración de Díaz Ordaz y los estudiantes, según la cual ya no hay nada que indagar porque el conjunto del gobierno fue el responsable de la masacre
Por el contrario, el libro de Scherer y Monsiváis obliga a preguntarse: “¿Cómo operaron las corrientes al interior del Estado? ¿Qué circunstancias se dieron para permitir la conspiración? ¿Por qué el Estado Mayor Presidencial actuó al margen del secretario de la Defensa? ¿Cómo actuó Echeverría? ¿Quién ordenó al EMP que se adueñara de los edificios y que disparara? ¿Por qué García Barragán admitía solicitudes de intervención del Ejército del secretario de Gobernación sin apelar a que su jefe era el presidente? No queda claro tampoco quién le dio las órdenes a García Barragán
“Parte de guerra deja claro que, en un primer momento, un grupo del Ejército (miembros del EMP), y no el Batallón Olimpia, disparó contra la gente y la tropa; esa fue la tesis que sostuvo Perelló, y por ello fue satanizado Hoy sabemos que ese grupo lo organizó Gutiérrez Oropeza y también se estableció responsabilidad a otro sobreviviente, Fernando Gutiérrez Barrios No sabemos quién dio expresamente las órdenes Sin embargo, queda demostrado que una parte o grupo del Ejército sí disparó desde los balcones del edificio Chihuahua Eso supera la visión comodina de Cuauhtémoc Cárdenas, quien sostiene que la responsabilidad del 68 no fue del Ejército, sino de individuos Parte de guerra hace evidente que hubo una conjura, en la que participaron militares de alto rango, y eso implica a la institución Uno se pregunta si ellos hicieron esos movimientos y contaron con la complicidad de Díaz Ordaz o si García Barragán, sin sospecharlo, fue víctima de la conjura”

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